La transformación del modelo tradicional de familia y sus implicaciones sociales
Autor: Javier Lazarín Guillén

Introducción
Desde una perspectiva histórica, la idea de familia que ha existido en la sociedad occidental ha sido el modelo biparental, cuya estructura se caracteriza por ser nuclear y de carácter heterosexual: con un pater familia varón que cumple un rol autoritario y proveedor, una madre cuidadora y servil, y los hijos (que por lo regular heredan las formas de socialización y los imaginarios que los padres construyeron a lo largo de los años y su historia de vida). Se trata de un modelo de familia en el que sus miembros cumplen roles fijos y socialmente establecidos.

Empero, hoy estamos sumergiéndonos en una época verdaderamente distinta, donde las transformaciones sociales, políticas y económicas han impactado la estructura social a un nivel tal que la cultura, las formas de interacción, el empleo, el individualismo, el papel de la mujer, etc., han generado cambios que mellan el modelo biparental y la estructura que citamos líneas arriba.

Para entender estos cambios y sus implicaciones en nuestra sociedad, es necesario que reflexionemos un poco al respecto en los siguientes apartados:

Los cambios sucedidos en la época actual y su impacto en la familia
Desde hace tres o cuatro décadas –para no irnos muy lejos– la sociedad ha vivido cambios que tienen una clara relación con el término de la Guerra Fría, el Bipolarismo y el Armamentismo, que se dieron en un marco de tiempo bien determinado: desde los últimos años de la Segunda Guerra Mundial hasta finales los años ochenta del siglo XX. Tiempos en los que las interacciones entre gobiernos y el resto de los hombres, y el modo de proceder las mercancías, sustanciaban una idea de bienestar y felicidad general basada en el consumo.

En otras palabras, desde el momento en el que los Estados Unidos de Norteamérica lograron introyectar el imaginario social del individualismo, representado a través del American way of life, y el American dream1, se permeó un nuevo tipo de sociedad cuyas características más significativas son sus tipos de interacción social, sus estilos de vida laboral y sus formas de acceso a los bienes. Hablamos de un cambio que se produjo con la desaparición de la sociedad de masas y el surgimiento del “amor líquido” del que nos habla el sociólogo polaco Zygmunt Bauman. Un tipo de relación interpersonal frágil, que se rige por el interés individual, el costo-beneficio y que, por ende, produce relaciones humanas volátiles, acomodaticias y perecederas.

Con el surgimiento de este nuevo estilo de pensamiento y forma de vida, aparecieron los llamados hijos del amor volátil. Es decir, una sociedad en la que las querencias están supeditadas a los intereses personales, al profesionalismo y a la riqueza material. Se trata de un contexto en el que a las parejas se les hace difícil mantener una relación estable y duradera; una época en la que la familia tradicional deja de ser el motor y la base social2.

Refiriéndonos a la estructura familiar, en esta nueva era emergen “familias-sociedades” compuestas a partir de segundos y terceros matrimonios; o “familias” monoparentales, producidas por viudez, separación o divorcio; “familias” cuyo proyecto de sociedad se basa en el de una persona soltera; “familias” en las que los casamientos de personas se da entre homosexuales; “familias” que padecen el fenómeno DYNK (Dólar yes, not kids), donde las parejas se juntan pero no quieren procrear sino pasear, conocer el mundo, crecer en lo profesional y hacerse de objetos y bienes materiales; familias con relaciones de tipo LAT (Living apart together), es decir parejas formadas de un modo estable pero en las que sus miembros viven cada quien en casas distintas... En general, se trata de nuevos tipos de “familias” en las que una constante es la fragilidad de los vínculos humanos.

Así pues, con el surgimiento de la era líquida el concepto tradicional de familia está exigiendo repensarse. Las consecuencias de la transformación de la familia tradicional van desde cuestiones tan elementales como la ruptura amorosa, hasta el quiebre de los matrimonios, la falta de valores, la falta de fidelidad, los divorcios y su impacto económico y psicológico en los hijos, los problemas de identidad y la exclusión a la que se circunscriben los individuos de esta nueva era. En otros términos, se trata de un problema que afecta la total estructura social, la estabilidad demográfica y las posibilidades de crecimiento y desarrollo de la sociedad.

Implicaciones sociales de las madres que deciden permanecer solteras
Para ejemplificar y ahondar en el tema3, recurro a un estudio reciente elaborado por Beatriz Moncó, María Isabel Jociles y Ana María Rivas, donde se señala que en el tiempo actual la autorrealización personal, independientemente del sexo opuesto, el individualismo, la autosuficiencia económica y el igualitarismo entre sexos, ha dado lugar a discursos y actitudes, comportamientos sexuales determinados y formas de vida que han impactado en lo que comunmente hemos reconocido como familia.

El contexto actual –nos dicen las autoras de este estudio– ha formado un modelo de femineidad al que los estudiosos debemos prestar atención, sobre todo porque ha añadido nuevas facetas al modelo tradicional de familia que ahora va más allá del ideal de mujer dedicada al cuidado del hogar y la salvaguarda de sus hijos y esposo. Existe hoy en día en algunos sectores un ideal de autonomía femenina que pasa por la independencia económica y la preparación académica. Es un fenómeno tan prolífero en el que las mujeres deciden no tener pareja y ser madres solteras.

Los estudios realizados por Moncó, Jociles y Rivas ciertamente se circunscriben a una realidad europea (España)4. Lo que significa que el perfil de las mujeres estudiadas es académicamente alto (licenciatura y posgrado) y el ingreso per capita, así como el status quo y el capital cultural, es muy distinto al que tenemos en realidades como México y América Latina5. Aún así, el estudio de estas autoras deja ver que el modelo clásico de familia en el que los hijos surgían inmediatamente después de que la vida en pareja se formalizara a través del Matrimonio o de la unión libre, ahora es algo que se somete a un previo programa social y económico de las personas, por lo menos en los países del primer mundo. Pues, en el caso de nuestro México, sucede que la mayoría de matrimonios o “uniones de hecho” –incluyendo el elevado número de madres solteras– se dan por falta de prevención y educación sexual6.

En continuidad con este último argumento, el especialista Roger Bartra, en sus estudios realizados sobre sociedades de convivencia y sistemas de familia, deja ver que el mexicano es el único ser en el mundo que se reproduce sin estar cabalmente maduro. Un hecho que, sin lugar a duda, impacta no sólo las psiques sino en toda la estructura social –y cultura– mexicana.

La inmadurez, la liquidez social –de la que hemos hablado líneas atrás– y el individualismo produce en nuestra sociedad mexicana infancias pobres, un enorme índice de rencor social, una gran falta de valores y un imaginario social en el que predomina “el todo vale”. Al respecto, el humanista Roberto Iniesta señala a este “valemadrismo” como un problema social cuyas repercusiones se dan directamente en la estructura de sociedad en general: sobre todo en la toma de decisiones, en la motivación a generar cambios y progreso en la civilización actual.

El tema (o temas) que venimos desarrollando se ejemplifican de manera magistral en el reciente libro del periodista Javier Menéndez Flores7. Justo en una de las últimas partes de dicha obra, Menéndez Flores le pregunta al poeta Roberto Iniesta si está de acuerdo con la idea de que, de una u otra manera, en determinado momento se llevará a cabo un fuerte estallido social. A lo cual Iniesta responde usando una metáfora muy ingeniosa sobre el futból: “¿Estallido social? No, qué va. Vivimos en la época del ‘todo vale’... Igual como sucede en el futból, donde cada uno defiende a su equipo a costa de lo que sea: solemos ver a los futbolistas que se tiran al suelo, haciendo como si hubiera sido un penalti. El árbitro no lo ve, pero, igual se deja llevar por el engaño... En el futból –como en la sociedad– cualquier cosa vale para el triunfo, sin importar siquiera que sea a costa de la justicia. Nadie dice: yo no quiero ganar así. Nadie lo dice porque, en esta sociedad ‘todo vale’. Y lo peor es que los niños, cuando sean mayores, habrán crecido en este tipo de sociedad. El mundo defiende la trampa. Así somos”8.

A partir de la metáfora anterior, me gustaría entrar a un último apartado sobre la familia en nuestra sociedad actual. Concretamente en el caso mexicano.

La teoría de la familia muégano y sus implicaciones sociales
En México suceden particularidades en lo referente al tema de la familia. Una de esas particularidades es aquella que el sociólogo moderno Fernando Escalante Gonzalbo llama familias muégano. Un muégano –nos dice el autor– es “un dulce hecho a base de miel, melaza o caramelo y trozos de pasta, cuya estructura se caracteriza por su abigarramiento”. En un sentido técnico, cuando nos referimos a las familias muégano, se trata de aquellas en las que sus relaciones se caracterizan por la aglomeración y confusión de roles. Son aquellas familias en las que “todo gira alrededor de todos”; donde se da una mezcla y confusión de vínculos y responsabilidades; donde no hay límites ni reglas específicas.

La equiparación de la familia con el dulce muégano se sustancia en el hecho de que los roles u obligaciones de cada uno de los integrantes de la familia no quedan claros, al grado de arriesgar el buen funcionamiento y solidez de la misma familia. En este tipo de hogares suelen prevalecer los intereses personales sobre el bienestar de la familia; los individuos dan preferencia a sus personas antes que a la consanguineidad. El fenómeno muégano puede producir resultados desastrosos porque, por lo regular, solapa la ineficiencia y porque antepone el bienestar personal de los miembros al buen funcionamiento y unidad de la familia9.

Desgraciadamente somos un país donde “pocos hacen el trabajo que le corresponde hacer a muchos”; donde las cosas suelen no hacerse bien porque entre conocidos y familiares se solapan las responsabilidades. Un tipo de sociedad con un alto índice de injusticias e ineptitudes dado al tipo de educación y modelo de familia muégano que prevalece. Lo que es peor, dicho fenómeno se consolida cada vez más gracias a que el número de parejas que deciden consolidar una familia lo hacen bajo presión o falta de planeación; o bien porque una oleada de jóvenes se arriesgan a contraer Matrimonio bajo las propuestas del sistema líquido de nuestra era. Y para tal efecto, e igual como se expresa en el slogan de una película de producción reciente –que curiosamente batió records en taquilla– en nuestro país: “No se admiten devoluciones”10.

A poco de concluir esta exposición, he de agregar que, además del problema de la familia muégano, existe también el fenómeno de la “americanización social”. Me refiero al hecho de que nuestra sociedad mexicana ha introyectado de manera sorprendente los estereotipos de vida norteamericana-holliwoodense. Para muestra de ello basta salir a la calle y mirar el tipo de productos que la gente acostumbra consumir; o bien, las formas de interacción y actividades de las personas en una plaza comercial; el consumo exacerbado y la falta de una cultura de la prevención11. Factores sociales que, de una u otra manera, impactan en la calidad de vida, las posibilidades de desarrollo, la construcción de valores, y la búsqueda de la felicidad a la que todos aspiramos.

Conclusiones
La familia en México (y gran parte de América Latina) sigue siendo el eslabón principal que sustancia lo humano y la interacción entre los hombres. Empero, en el contexto actual, la liquidez social, el individualismo, los problemas culturales, la inmadurez y la lógica del “todo vale” afectan de manera directa la estructura de la familia tradicional, así como su lugar dentro del proceso histórico y su sistema de conjunto.

Es necesario que los humanistas, teólogos y estudiosos de la sociedad se interesen en este tema para que, desde sus propias prácticas y trabajos, se esgriman propuestas de análisis alternativas y contenidos que ayuden a los individuos a construir estrategias para la protección y promoción de la familia, motor de la interacción humana y elemento clave del desarrollo de la humanidad.

Acerca del autor
Javier Lazarín Guillén estudió licenciatura en Historia en la UAM, posgrado en Historia Moderna y Contemporánea en el Instituto Mora, y realizó su doctorado en Ciencias Políticas y Sociales (línea en Sociología) en la UNAM. Es profesor en el COMFIL desde el 2005; profesor de Sociología en la FES-Aragón desde el 2003, profesor desde el 2008 de la Maestría en Lengua y Recreación Literaria y Formación Cívica y Ciudadana, y profesor de la Maestría de Enseñanza de la Historia en la Universidad Pedagógica Nacional, unidades 094 y 098.

Citas bibliográficas
1. Cuando hablamos del American way of life y el American dream, estamos enunciado dos de las construcciones sociales que más impacto han tenido en el devenir social en los últimos años. Los norteamericanos lograron construir una base imaginal para que gran parte de las personas que habitan el mundo piensen que la vida de una persona está basada en el trabajo inmoderado, en la búsqueda perpetua de recompensas materiales, en la posesión de una pareja de tipo holiwoodense, en la adopción de una mascota, la posibilidad de vacaciones de verano e invierno en las costas más recatadas... Las peliculas siguientes –y junto con ellas toda la industria cultural– manifiestan de manera clarevidente esto que estamos hablando: De mendigo a millonario (1983), Un príncipe en Nueva York (1988), Diario de una princesa (2001), En busca de la felicidad (2006), Una casa patas arriba (2007), y Batman. El caballero de la noche asciende (2012).
2. Z. Bauman explica dicho fenómeno a partir del concepto “liquidez”: una metáfora de la sociedad moderna cuyas características se parecen a fluidos que manan, se esparcen y se adaptan a cualquier recipiente. El sociólogo nos dice que en la actualidad las personas han adoptado las propiedades de los fluidos como formas de comportamiento. El ejemplo más lúcido en el marco de este texto es el proceso de transformación social de la familia: sus relaciones se basan en un “amor líquido”. Para ahondar más en el asunto véase: Zygmunt Bauman, Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos, FCE, México 2007.
3. Véase el artículo “Madres solteras por elección: representaciones sociales y modelos de legitimación”, en: Revista Nueva Antropología, vol. XXIV, no. 74, UAM/INAH/CONACULTA, México, enero-junio de 2011.
4. Con el motivo de patentar los casos concretos de estudio de estas especialistas, se colocan a continuación dos perfiles de mujeres que se entrevistaron en el proceso de la investigación: a) el primer caso se trata de Elena, una mujer de 40 años que está decidida a concebir un hijo: “Yo siempre quise tener un hijo. Durante mucho tiempo pensé en formarlo a la manera convencional, es decir con una pareja. El caso es que con una pareja no pudo ser. No obstante, ahora es el momento de tenerlo. Sobre todo porque tengo la madurez suficiente. Me he permitido el grandísimo lujo de viajar por todo el mundo, y ahora lo que falta a mi proyecto de vida es un hijo”; b) un segundo testimonio es Adela, una madre adoptiva de 50 años de vida: “Me decidí adoptar un hijo porque tengo la seguridad que brinda un trabajo, una casa propia y he terminado la tesis doctoral. Una vez que estuve convencida de estas seguridades me dije a mí misma que el paso siguiente en mi vida sería formar una familia. ¡Y lo hice!”.
5. Recordemos que el capital cultural de una persona se sustancia a lo largo de una vida, sobre todo con la adscripción a un campo específico de estudios, con los libros que se han leído, las relaciones sociales que se establecen, los lugares que se conocen o se han visitado, etc. El tipo de capital cultural en cada persona hace la “diferencia” de la que habla el sociólogo francés Pierre Bourdieu. En el caso concreto de México y América Latina, la realidad social y el capital cultural de la mayoría de las mujeres están lejos de ser un potencial ad hoc para que se logren formalizar familias “estables” –o con estándares parecidos a los europeos–.
6. La falta de prevención y educación sexual en los matrimonios mexicanos, así como el machismo introyectado por la misma mujer, la inmadurez y los problemas culturales son los factores principales que causan desigualdad en México y, por lo tanto, lo que imposibilita o dificulta que las mujeres se consoliden como líderes-sustentadoras de la familia, tal y como sucede en Europa. Este planteamiento es de acuerdo a los análisis de Roger Bartra, sobre todo aquellos que se expresan en su libro La Jaula de la melancolía. Una obra en la que se antropologiza al mexicano desde su propia cultura. En ella Bartra reflexiona sobre el mexicano, un ser histórico y social que pocas veces se detiene a pensar en sus acciones y en las repercusiones que estas traen en su vida. Se trata de un individio que le llora a sus muertos, al amor perdido, al Edén subvertido; un ser que juega a ser “muy macho” pero con un profundo respeto a la madre y a las hermanas; un tipo de persona que le gusta reproducirse en especie como el axolote, es decir sin haber llegado a la transformación total de su cuerpo y su cerebro. Para profundización en el tema, acudir a: Roger Bartra, La jaula de la melancolía. Identidad y metamorfosis del mexicano, Grijalbo, México 2005.
7. Cfr. “Estrambote: saliéndonos de la partitura”, en: Javier Menéndez Flores, Extremoduro. De Profundis. La historia autorizada, Grijalbo, España 2013.
8. Ibíd, p. 262.
9. Véase: “Teoría del muégano”, en: Estampas de Liliput. Bosquejos para una sociología de México, FCE, México 2004, pp. 62-68.
10. Se trata de una película del director mexicano (y actor en la misma cinta) Eugenio Derbez presentada en los últimos meses del año 2013. En ella se narra la historia de Valentín, un hombre mujeriego, soltero y egoísta que debe hacerse cargo de su pequeña hija, producto de una aventura ocasional, a la que no conocía.
11. No olvidemos que este tipo de características se manifiestan y llevan a efecto de acuerdo a los estamentos y clase social de las familias, ya que el nivel de estudios de los padres o el tipo de trabajo que realizan, así como la cantidad hijos con los que se cuente, modifican la dinámica y la participación de las personas en este tipo de actividades socio-culturales.

 

 

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